Nuestra historia

Hace casi treinta años, una madre abrió una pequeña tienda de zapatos en Córdoba.
La llamó Raquel Zapatos, en honor a su hija, sin imaginar que aquel sería el primer capítulo de una historia que, años después, daría vida a Dulce Castro.
Durante años, aquella tienda multimarca fue mucho más que un espacio donde vender zapatos. Fue el lugar donde aprendimos a reconocer una buena horma, a valorar la calidad de un material y a descubrir que la verdadera diferencia siempre está en los pequeños detalles.
Con el tiempo, nuestra manera de entender el diseño y el calzado empezó a llamar la atención de las marcas con las que trabajábamos. Muchas de ellas confiaron en nuestro criterio para desarrollar y perfeccionar sus colecciones.
En 2017, la segunda generación se incorporó al proyecto familiar con una idea muy clara. Después de años viendo cómo otras marcas confiaban en el talento y la sensibilidad de Dulce para desarrollar sus colecciones, surgió una pregunta que cambiaría nuestro futuro.
¿Por qué seguir creando para otros cuando podíamos crear algo nuestro?
Así nació Dulce Castro.
Una firma que nació como homenaje a una madre, a su talento y a una forma de entender el calzado que había acompañado a nuestra familia durante décadas.
Hasta entonces éramos una tienda multimarca. Pero entendimos que aquello que realmente nos apasionaba era acompañar a las mujeres en algunos de los momentos más importantes de su vida. Por eso decidimos especializarnos exclusivamente en zapatos de novia e invitada y construir una firma con identidad propia.
Aquella decisión cambió nuestro rumbo. Nos permitió crecer, evolucionar y construir una firma centrada en el diseño, la comodidad y la personalización, pensada para acompañar algunos de los momentos más importantes de la vida de una mujer.
Cada colección se diseña en Córdoba y se fabrica artesanalmente en España, cuidando cada detalle para crear piezas pensadas para acompañar momentos únicos.
Hoy seguimos siendo una empresa familiar.
Madre e hija seguimos compartiendo cada colección, cada decisión y cada pequeño detalle con la misma ilusión que nos ha acompañado desde el principio.
Hace casi treinta años, una madre puso el nombre de su hija a una tienda.
Años después, esa hija puso el nombre de su madre a una firma.
Y esa historia continúa escribiéndose cada día.
Bienvenida a Dulce Castro.